Filosofia. La evolución del hombre

LA EVOLUCIÓN

LAS ESPECIES

MATERIALES

VOCABULARIO

BIBLIOGRAFIA

ENLACES

1.- La evolución y el origen del hombre

1.1.- Planteamiento general y perspectivas de estudio
1.2.- La herencia biológica del hombre: orden primates, superfamilia hominoides, familia homínidos, género homo.
1.3.- La sapientización: del homo antecessor al sapiens. 


2.- La singularidad del hombre

2.1.- Pautas de conducta en los animales y en el hombre
2.2.- El animal cultural
2.3.- El animal dotado de sinrazón

3.- La diversidad racial del homo sapiens

3.1.- El concepto de raza
3.2.- Raza y cultura. El prejuicio racista

Bibliografía


3.2.- Raza y cultura. El prejuicio racista

   La doctrina de la igualdad de todos los hombres forma parte del legado cultural de la modernidad y está ampliamente recogido en las constituciones y en las declaraciones de organismos supranacionales. No obstante, se apela a veces a las patentes diferencias físicas, psíquicas y culturales que se dan entre los seres humanos a nivel individual y colectivo para poner en entredicho la idea de igualdad (¿cómo son iguales si saltan a la vista sus diferencias?).

   Tras cualquier argumentación desigualitaria o racista, se esconden varias falacias:

   La primera de ellas es el error categorial de confundir el concepto de identidad física con el de igualdad ética o jurídica: la igualdad ante las leyes no descansa en el supuesto de que todos los seres humanos estén igualmente dotados.
   La segunda es una generalización indebida: atribuir las propiedades de un tipo de cosas (las diferencias físicas) a otro tipo de cosas con el que aquél suele aparecer asociado (las diferencias culturales). Durante siglos se mantenido el equívoco de considerar los caracteres culturales como cualidades innatas vinculadas a los caracteres biológicos y, en consecuencia, como expresión de aptitudes biológicas. A esto responden los estereotipos raciales en los que se amalgaman rasgos físicos y culturales. 

Al respecto es interesante comentar la reciente polémica sobre las tesis racistas de HERRNSTEIN y MURRAY en su libro The Bell Curve: su "argumentación" es la siguiente:

- El CI es hereditable entre los blancos en un 60%
- Hay una diferencia de 15 puntos entre el CI medio de blancos y negros
- Como el CI de los blancos es en parte genético, es natural concluir que las diferencias de CI entre blancos y negros son en parte genéticas.

   La respuesta más contundente la dio NED BLOCK, un filósofo de la ciencia de la Universidad de NY, el cual distingue entre dos sentidos de "genético":
- Un rasgo es genético cuando está fijado en el genoma, está genéticamente determinado (cinco dedos en la mano, ser pelirrojo, ser negro), es heredable.
- El origen de las diferencias para ese rasgo en determinadas poblaciones puede retrotaerse hasta los genes, es hereditable o el rasgo manifiesta un grado elevado de hereditalibilidad.
   Un rasgo puede ser genético en el primer sentido pero no en el segundo y viceversa: puede ser hereditable pero no estar genéticamente determinado: cuando sólo las mujeres llevaban pendientes, la hereditabilidad de llevarlos era elevada porque dependìa del sexo, ahora que ya no depende del sexo su hereditabilidad ha disminuido. Si a los pelirrojos se les maltrata sistemáticamente (como ocurría en Egipto) la hereditabilidad de que sus resultados académicos sean inferiores a los de los morenos es muy elevada, pero nadie diría que es un rasgo genéticamente determinado y que los pelirrojos son tontos por naturaleza. 

El CI es un rasgo que tiene una elevada hereditabilidad, pero que no está genéticamente determinado, pues se encuentra considerablemente afectado por todas las variaciones del medio en un modo que no acabamos de comprender, de manera que en una población minoritaria marginada de tipo casta (que se considera a sí misma como inferior, como los negros en USA) es altamente hereditable un bajo CI; pero suponer que está genéticamente determinado no es más que un juicio de valor basado en suposiciones indemostrales que revelan un prejuicio racista. Lo que hay que modificar es la práctica social que priva a los poseedores de genes de piel negra del derecho a la igualdad de oportunidades.

De las dos anteriores procede la tercera falacia: introducir juicios de valor en la clasificación racial y considerar las diferentes razas o poblaciones en términos de superioridad o inferioridad. Si a ello añadimos el prejuicio etnocéntrico, se llega a la conclusión de que los logros tecnológicos y científicos de las civilización occidental son una prueba irrefutable de la superioridad de las razas caucasoides sobre las restantes.

   El supuesto común de estas falacias y del racismo es una determinada concepción de la relación entre raza y cultura, según la cual las diferencias físicas de las poblaciones humanas son la causa de las diferencias culturales. En consecuencia, la superioridad de determinadas invenciones culturales se fundamentaría en la superioridad de las razas que las han producido. Sin embargo: 

a.- Una cultura sólo es un repertorio de respuestas específicas a los problemas concretos de adaptación que presenta un determinado medio a un grupo humano. La eficacia de una cultura es relativa a un conjunto de factores interdependientes (demográficos, ecológicos, tecnológicos, económicos, etc.) y no hay fundamento alguna para valorar unas culturas como superiores a otras: no existe un patrón único y universal de adaptabilidad al medio (No Evolucionismo cultural).

   b.- Tampo hay fundamento alguno para considerar a los grupos humanos como biológicamente superiores o inferiores; el biotipo es el resultado del influjo selectivo ejercido por el medio natural y social sobre ciertas variantes físicas y culturales.

   La postura generalizada entre los antropólogos es la que se expresa en la Declaración de la Unesco de 1964: 

  
Proposiciones sobre los aspectos biológicos de la cuestión racial 

   Los expertos cuyos nombres se indican al pie, reunidos por la UNESCO para expresar su criterio sobre los aspectos biológicos de la cuestión racial y para determinar en especial los elementos biológicos de una declaración sobre la raza y los prejuicios raciales, destinada a poner al día y completar la Declaración de 1951 sobre la raza y las diferencias raciales, han llegado a un acuerdo unánime sobre las bases siguientes: 

1º. Todos los seres humanos hoy vivientes pertenecen a una misma especie, llamada Homo sapiens y proceden de un mismo tronco. La cuestión de cómo y cuándo se han ido diversificando los distintos grupos humanos, sigue siendo controvertible. 

2º. Las diferencias biológicas entre los seres humanos están determinadas por diferencia de constitución hereditaria y por la acción del medio sobre el potencial genético. La mayoría de ellas se deben a la interacción de esas dos clases de factores. 

3º. En cada población humana hay una amplia diversidad genética. No existe en la especie humana una raza pura, por lo menos en el sentido de población genéticamente homogénea. 

4º. Existen manifiestas diferencias físicas de aspecto medio entre las poblaciones que viven en distintos puntos del globo. Muchas de estas diferencias tienen un componente gen ético. Estos últimos consisten a menudo en diferencias de frecuencia de los mismos caracteres hereditarios. 

5º. A base de los rasgos físicos hereditarios, se han propuesto diversas subdivisiones de la humanidad en grandes grupos étnicos y, a su vez, cada uno de éstos en categorías más restringidas (las razas, que son poblaciones o grupos de poblaciones). Casi todas las clasificaciones reconocen, por lo menos, tres grandes grupos étnicos. Como la variación geográfica de los caracteres empleados en las clasificaciones raciales es muy compleja, y no presenta ninguna discontinuidad importante, tales clasificaciones, cualesquiera que sean, no pueden pretender dividir la humanidad en categorias rigurosamente distintas; además, dada la complejidad de la historia humana, resulta difícil precisar el lugar que deben ocupar ciertos grupos en una clasificación racial, sobre todo cuando se trata de poblaciones que muestran una posición intermedia. Son muchos los antropólogos que, aun al subrayar la importancia de la variabilidad humana, consideran que el interés científico de estas clasificaciones es limitado, y que presentan incluso el riesgo de incitar a generalizaciones abusivas. Las diferencias entre individuos de una misma raza o de una misma población son, a menudo, mayores que las diferencias medias existentes entre razas o entre poblaciones. Los rasgos distintivos variables considerados para caracterizar una raza, o bien se heredan con independencia unos de otros, o bien presentan un grado variable de asociación dentro de cada población. Por lo tanto, la combinación de caracteres en la mayoría de los individuos no corresponde a la caracterización tipológica de la raza. 

6º. Lo mismo en el hombre que,en los animales, la composición genética de cada población está sujeta a la acción de diversos factores que la modifican; la selección natural, que tiende hacia una adaptación al medio; las mutaciones fortuitas, que consisten en modificaciones de las moléculas de ácido desoxirribonucleico que determinan la herencia; modificaciones casuales de la frecuencia de caracteres hereditarios cualitativos, cuyo grado de probabilidad depende de la magnitud de la población y de la composición de las uniones en el seno de la misma. Algunos caracteres fisicos poseen valor biológico universal y fundamental para la supervivencia del hombre, independientemente de su medio. Las diferencias en las que se basan las clasificaciones raciales no afectan a esos caracteres y, por lo tanto, en términos biológicos, no puede hablarse en relación con ellos de una superioridad o inferioridad generales de talo cual raza. 

7º. La evolución humana ofrece modalidades de capital importancia que le son propias. La especie humana, que hoy se extiende por toda la superficie de la tierra, tiene un pasado rico en migraciones y en expansiones y reducciones territoriales. Como consecuencia de ello, la adaptabilidad general a los medios más diversos es más pronunciada en el hombre que sus adaptaciones a ciertos medios específicos. Los progresos realizados por el hombre en todos los órdenes parecen lograrse desde hace muchos milenios, sobre todo -si no únicamente- en el plano de las conquistas culturales y no en los patrimonios genéticos. Ello implica una modificación del papel de la selección natural en el hombre actual. Debido a la movilidad de las poblaciones humanas y de los factores sociales, las uniones entre miembros de diversos grupos humanos, que tienden a borrar las diferenciaciones adquiridas, han desempeñado un papel mucho más importante en la historia de la especie humana que cn la historia de las especies animales. En el pasado, de toda población, de toda raza humana, figuran múltiples mestizajes que tienden a intensificarse. En el hombre, los obstáculos a los cruzamientos son de carácter social y cultural tanto como geográficos. 

8º. En todo tiempo, las caracterfsticas hereditarias de las poblaciones humanas representan un equilibrio inestable como consecuencia de los mestizajes y de los mecanismos de diferenciación ya mencionados. En cuanto entidades definidas por un conjunto de rasgos distintivos propios, las razas humanas están constantemente en trance de formarse y de disolverse. Las razas humanas presentan en términos generals características menos netas que muchas razas animales y no pueden asimilarse, en modo alguno, a las razas de los animales domésticos resultantes de una profunda selección realizada con propósitos bien determinados. 

9º. No se ha demostrado nunca que el mestizaje presente inconvenientes biológicos para la humanidad en general. Por el contrario, contribuye mucho a que se mantengan vínculos biológicos entre grupos humanos y, por lo tanto, a la unidad de la especie humana dentro de su diversidad. Desde el punto de vista biológico, las consecuencias de un matrimonio dependen de la constitución genética individual de los cónyuges y no de la raza. No existe, pues, justificación biológica alguna para prohibir los matrimonios interraciales, ni para desaconsejarlos. 

10º. Desde su origen el hombre dispone de medios culturales cada vez más eficaces de adaptación no genética.

11º. Los factores culturales, que rompen las barreras sociales y geográficas, ensanchan los límites dentro de los cuales se efectúan las uniones y actúan, por lo tanto, sobre la estructura gen ética de las poblaciones, disminuyendo las fluctuaciones aleatorias (deriva genética). 

12º. Como regla general, los grandes grupos étnicos se extienden por vastos territorios que engloban pueblos diversos por su lengua, economía, cultura, etcétera. Ningún grupo nacional, religioso, geográfico, lingüístico o cultural, constituye ipso facto una raza: el concepto de raza entraña únicamente factores biológicos. Sin embargo. los seres humanos que hablan la misma lengua y comparten la misma cultura tienen tendencia a unirse entre ellos, lo que puede producir un cierto grado de coincidencia entre rasgos físicos, por un lado, y lingüfsticos y culturales, por otro. Pero no se sabe que exista relación causal entre éstos y aquéllos y nada autoriza a atribuir las particularidades culturales a caracterfsticas del patrimonio genético. 

13º. La mayoría de las clasificaciones raciales de la humanidad que se han propuesto no incluyen los rasgos mentales entre sus criterios taxonómicos. La herencia puede influir en la variabilidad que presentan los resultados en los individuos de una misma población sometidos a determinados tests psicológicos actualmente empleados. Sin embargo, no se ha demostrado nunca la existencia de diferencias entre los patrimonios hereditarios de grupos de población con respecto a lo que se trata de medir con dichos tests, mientras que la influencia del medio físico, cultural y social en los resultadós de los mismos está ampliamente comprobada. Complican el estudio de esta cuestión las grandes dificultades con que se tropieza para aislar la parte que pueda eventualmente corresponder a la herencia en las diferencias medias que se han observado entre los resultados de los tests llamados de inteligencia global en poblaciones culturalmente diferentes. Al igual que ciertos grandes rasgos anatómicos de la especie humana, la capacidad genética de desarrollo intelectual depende de características biológicas que son de valor universal, dada su importancia para la supervivencia de la especie en cualquier medio natural y cultural. Los diversos pueblos de la tierra parecen poseer hoy iguales potencialidades biológicas para alcanzar cualquier nivel de civilización. Las diferencias entre los resultados logrados por los distintos pueblos parecen deberse enteramente a su historia cultural. 
A veces se atribuyen a un pueblo determinado ciertas particularidades psicológicas. Tanto si tales afirmaciones son fundadas como si no lo son, mientras no se demuestre lo contrario, esas particularidades no deben atribuirse a la herencia. No existe ninguna justificación de los conceptos "razas superiores" y "razas inferiores", ni desde el punto de vista de las potencialidades hereditarias, en lo relativo a la inteligencia global y a las capacidades para el desarrollo cultural, ni desde el de los caracteres físicos. 

Los datos biológicos anteriormente expuestos constituyen una contradicción absoluta de las tesis racistas. Éstas no pueden, en modo alguno, reivindicar una justificación científica y constituye un deber para los antropólogos hacer lo posible para impedir que los resultados de sus investigaciones sean deformados por la utilización que podría hacerse de los mismos con fines no científicos. 

Moscú, 18 de agosto de 1964.

Suscribieron esta Declaración 22 expertos procedentes de 17 países.